Dado que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán vuelven a estar en un punto muerto, tanto Washington como Teherán están dando señales de su capacidad para soportar un estancamiento prolongado. Sin embargo, esta parálisis podría obligar al resto del mundo a pagar un alto precio por una guerra que no eligió.

Los negociadores de Irán —calificados como “muy buenos” por el secretario de Estado Marco Rubio— han enviado a Trump una nueva propuesta que este considera insatisfactoria. La falta de disposición de Teherán para alcanzar un compromiso aceptable para EE.UU. sugiere que se siente cómodo con un estancamiento prolongado, a pesar del bloqueo naval estadounidense destinado a asfixiar al régimen hasta lograr su capitulación.

A medida que el conflicto se prolonga sin una resolución militar ni diplomática, Irán cree que su visión de un nuevo orden regional se acerca gradualmente a ser aceptada. En un mensaje de la semana pasada, el nuevo líder supremo declaró la victoria sobre Estados Unidos e insinuó su dominio sobre el golfo Pérsico, antes de proclamar el control de Teherán sobre el estrecho de Ormuz.

Y mientras las propuestas circulan con lentitud entre las capitales, Trump ha declarado que “no tiene prisa” y que mantiene su compromiso con el bloqueo naval, aun cuando los analistas prevén que pasarán semanas antes de que se logre ejercer plenamente la presión necesaria sobre un régimen curtido en la batalla tras años de sanciones.

Mientras ambas partes continúan su “boxeo en la sombra”, el aumento de los precios mundiales ha asfixiado a los consumidores de todo el mundo; los analistas proyectan un repunte adicional de la inflación global, y los países se apresuran a prepararse para sufrir nuevas sacudidas en caso de que el conflicto persista.

“Vamos a hacer las cosas bien”, afirmó Trump. “No nos marcharemos antes de tiempo para que luego el problema resurja dentro de tres años”.