Antes de convertirse en una de las creadoras de contenido más queridas y relevantes en México, Chingu Amiga, cuyo nombre real es Sujin Kim, llegó al país en busca de un refugio ante las exigencias sociales de su natal Corea del Sur. Lo que comenzó como un viaje para sobrevivir a la depresión y el síndrome de burnout que le causó la extrema presión social y laboral del país asiático, terminó por redefinir el rumbo de su vida. Hoy se va a casar con un mexicano y vive un gran momento en su vida personal.
Con más de 65 millones de seguidores en redes sociales, ha construido una gran comunidad que agradece su autenticidad y humor, y que ha entendido las diferencias culturales entre Corea y México a través de su mirada. En ese proceso, no solo encontró estabilidad profesional, sino también un sentido de pertenencia y, eventualmente, el amor. Y es justamente ahí donde su historia da un giro inesperado.
El compromiso de Chingu Amiga y Rodrigo Vázquez
Tan emocionante como su historia de amor fue la entrega del anillo de compromiso por parte de Rodrigo, su novio mexicano. En cuanto a la locación no había duda: Tenía que ser en Oaxaca, el estado natal de él que tanto la ha fascinado a ella por su riqueza cultural.
Todo ocurrió el pasado 14 de abril entre tradicionales calendas y música típica de la región. Apenas dos semanas después, Chingu, de 35 años, nos comparte emocionada y muy feliz todos los detalles. Su, como le dicen de cariño, había viajado a Oaxaca por motivos de trabajo, específicamente para grabar contenido. Lo que parecía un video más (centrado en calcular cuánto costaría una boda en ese tradicional destino) era en realidad la ‘mentirilla’ para el gran momento. “Estábamos grabando un video sobre como en cuánto saldría si hacemos boda en Oaxaca”, nos contó. En su mente, todo encajaba dentro de la lógica de su trabajo: explorar locaciones, evaluar costos, generar contenido de interés para su audiencia.
Sin embargo, hubo señales que al principio no supo leer. “Me sentí de que él estaba raro… pero nada como que sospechara realmente”, nos confesó. La insistencia por visitar una hacienda en particular, el cambio de locación, la presencia de un wedding planner explicando cada detalle con precisión, todo formaba parte de una construcción que ella interpretó como parte del guion. “Yo no quería ir… pero insistieron tanto que dije, bueno, vamos”, recuerda.
Fue en ese punto donde la historia cambió. Al llegar a la hacienda, el ambiente dejó de sentirse como una grabación ordinaria. Sin previo aviso, él se arrodilló con el anillo en mano para hacerle la ansiada pregunta: “Primero grité… fue como un shock máximo de ‘¿Qué está pasando?’”. La reacción fue inmediata, pero también confusa. “Estaba como en shock… luego pensé ‘Esto de verdad está pasando en mi vida’”.