Estados Unidos.- A Casi tres meses de haber empezado la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, un acuerdo entre Washington y Teherán se vislumbra como la solución más favorable al conflicto; sin embargo, aunque los detalles de un posible acuerdo de paz aún no se conocen, los elementos filtrados han recibido críticas desde todos los polos del espectro político y obligado a la Casa Blanca a extender los alcances de lo pactado.

Durante el fin de semana, la visita a Irán de una delegación diplomática pakistaní, que ha surgido como el principal mediador entre Washington y Teherán, y los comentarios positivos del Departamento de Estado respecto al diálogo, señalaron la posibilidad de entrar en la etapa resolutiva de las negociaciones.

Este lunes, Esmail Baghaei, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, aseguró que pese a no poder asegurar que un acuerdo esté a punto de ser firmado, ya se han llegado a entendimientos en “una gran porción de los temas”.

El internacionalista Alejandro Martínez Serrano, profesor de la Universidad La Salle y especialista en Norteamérica, opina que la falta de apoyo de los aliados tradicionales de Estados Unidos, sumado a las presiones al interior del país, incentivan a Donald Trump a finalizar el conflicto con Irán lo más rápido posible.

“La guerra en Irán produjo consecuencias en lo interno y en lo externo. Al interior de Estados Unidos vemos que la inflación podría, en un momento dado, desbordar la economía estadounidense por el precio de los hidrocarburos y el aumento del precio de las mercancías que vienen de Europa y Asia (…) También en el ámbito interno, dentro del movimiento MAGA estaba la idea de primero resolver los grandes retos de la sociedad estadounidense y no voltear hacia el mundo, en ese sentido, la presencia de Estados Unidos en el Golfo Pérsico va en contra de esa visión”, aclara el especialista.

Bajo esas presiones, los esfuerzos diplomáticos de este fin de semana impulsaron un acuerdo potencial que, de acuerdo con filtraciones a las que tuvo acceso The Associated Press, exige el fin de las hostilidades por parte de todos los beligerantes.

Lo pactado hasta el momento incluiría el fin de las operaciones militares que Israel lleva a cabo en Líbano contra el grupo terrorista Hezbolá, financiado por Irán, a cambio de un compromiso por parte de la República Islámica de no interferir en la política interna de los países de la región; sin embargo, Estados Unidos insiste en que Israel conserve la facultad de responder ante amenazas potenciales.

Los detalles del acuerdo con Irán

El cese al fuego permanente permitiría la apertura del Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que transita 20 por ciento de los hidrocarburos globales y que ha funcionado como la principal arma en la guerra asimétrica iraní. También, el acuerdo plantea la apertura gradual del Estrecho de Ormuz durante 30 días posteriores a la firma, tiempo en el cual la Marina estadounidense desistiría del bloqueo a los puertos iraníes que ha limitado la exportación de hidrocarburos de la República Islámica.

Pese a que en las últimas semanas Irán ha intentado limitar las negociaciones hasta el fin de las hostilidades, Estados Unidos contempla que Teherán renuncie a su inventario de uranio enriquecido al 60 por ciento, muy por encima de cualquier aplicación civil que su programa nuclear pudiera tener.

Con estas peticiones por parte de Washington, el potencial acuerdo lograría el principal objetivo declarado de la intervención estadounidense: Eliminar cualquier posibilidad de un arma nuclear iraní; sin embargo, el cambio de régimen planteado por Israel, el fin del programa de misiles balísticos y la desarticulación de la red de proxies serían objetivos no completados.

Si bien los detalles de cómo Irán renunciaría a los 400 kilogramos de material fisionable aún no están claros, Teherán sostiene tener derecho a continuar con su programa nuclear bajo los términos del Tratado de No Proliferación Nuclear, que contempla el refinamiento de material fisionable. Bajo lo acordado actualmente, se plantea que tanto los detalles de un acuerdo nuclear como el fin de las sanciones económicas sean discutidos en los 60 días posteriores al fin de la guerra.

Críticas desde el Partido Republicano

Bajo el escenario planteado este fin de semana, el acuerdo entre Estados Unidos e Irán representaría una capitulación por parte de la Casa Blanca debido a que, a pesar de derrotar militarmente al régimen iraní, los objetivos políticos no serían logrados cabalmente y desde el Partido Republicano surgieron voces críticas a lo planteado por el presidente.

Mientras que los halcones en Washington, como Mike Pompeo o John Bolton, apuntaron a la falta de resultados tangibles, el senador republicano Lindsey Graham, uno de los principales aliados de Trump en el Congreso, criticó lo acordado al señalar que dejaría a Irán como una fuerza dominante en la región.

El profesor Martínez Serrano señala que pese a tener el control del movimiento MAGA y del Congreso, el presidente Trump carece de un apoyo real al interior del Partido Republicano debido a que las elecciones legislativas de noviembre implican presión sobre quienes deberían respaldar sus decisiones.

“El Partido Demócrata podría, si fuera hábil, cosechar la derrota y encausarla a favor de sus candidatos al señalar las consecuencias económicas que vive la población (…) Un presidente derrotado siempre baja su popularidad y las elecciones de noviembre son un termómetro de esas circunstancias. Lo ideal para Trump sería terminar el conflicto con un acuerdo que lo posicionara como el paladín de la justicia para que eso redundara en las candidaturas republicanas al Congreso”, agrega el académico.

Ante las críticas y augurios de derrota en Medio Oriente y en las urnas en otoño, el presidente Trump se ha defendido en redes sociales al asegurar que las negociaciones con la República Islámica de Irán “proceden agradablemente” y que será un gran trato para todos o no habrá trato, con lo que regresarán al campo de batalla y a los disparos, pero “más grandes y fuertes que nunca antes”.