Tres años de un conflicto interno que enfrenta a dos milicias fuertemente armadas y financiadas desde el exterior han hecho de Sudán el epicentro de la peor crisis humanitaria contemporánea; el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advierte que las condiciones en el país pueden empeorar debido a un encrudecimiento de las hostilidades y la incertidumbre en Medio Oriente.
El conflicto entre las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), cuerpo paramilitar bajo sospecha de actos de genocidio, y las Fuerzas Armadas de Sudán no da señales de bajar de intensidad. En las últimas semanas una nueva ronda de enfrentamientos en Darfur y en poblados de Kordofan elevan la preocupación de que se den condiciones de sitio similares a las presentadas durante la toma de al-Fashir, en donde las FAR bloquearon las entradas a la ciudad y atraparon a 260 mil civiles hasta que ocuparon la ciudad.
El Programa Mundial de Alimentos, iniciativa de Naciones Unidas con el mandato de distribuir comida en situaciones de emergencia, señala que en Sudán hay más de 19 millones de personas que enfrentan inseguridad alimentaria aguda y áreas enteras del país que enfrentan riesgo de hambruna, cinco millones de sudaneses padecen un nivel catastrófico de hambre de acuerdo con el PMA.
Un análisis de la Clasificación Integrada de Fases de Inseguridad Alimentaria (IPC) encontró que Sudán presenta 14 puntos de hambruna. La IPC es una herramienta creada entre instituciones gubernamentales, agencias internacionales y ONGs que clasifica la gravedad de la inseguridad alimentaria en situaciones de emergencia; en Sudán se estima que hay 135 mil personas que padecen extrema falta de alimento, desnutrición y mortalidad.
Si bien la iniciativa de Naciones Unidas entregó alimento a cinco millones de personas en 2025, se prevé una reducción en la cantidad de personas alcanzadas durante 2026 a razón de una brecha en su presupuesto de 645 millones de dólares; debido a los recortes de ayuda humanitaria en Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea.
Directivos del PMA han señalado que la situación en el país no avanza hacia una mejoría, al contrario. A la destrucción de infraestructura civil, como campos de cultivo, maquinaria y sistemas de riego, se le suma la falta de combustibles y el aumento del precio de los fertilizantes, consecuencias de la guerra en Medio Oriente; lo que resulta en un riesgo aún mayor a la poca producción de alimento que aún hay en el país.