Galilea Montijo habló sobre algunos de los momentos más difíciles de su maternidad durante una plática que tuvo con Aislinn Derbez en el podcast La Magia del Caos. La conductora recordó tanto la depresión posparto que enfrentó después del nacimiento de su hijo como el proceso emocional que vivió años más tarde, cuando Mateo decidió irse a vivir con su papá.
Galilea Montijo contó que convertirse en mamá a los 39 años significó enfrentarse a una serie de miedos y responsabilidades que no había experimentado antes. Poco después del nacimiento de su hijo, además, atravesó una depresión posparto que, según explicó, inicialmente no entendía.
“Yo me embaracé a los 39 años. No me embaracé chava. A los 39 años entran más miedos, más responsabilidades. Me tomó por sorpresa la depresión posparto”, aseguró.
La conductora del programa Hoy también reconoció que antes de vivir esa experiencia había tomado a la ligera los comentarios de algunas amigas que atravesaban por esa misma situación: “Yo me reía muchísimo de mis amigas por la depresión posparto”.
Con el tiempo, Galilea entendió que se trataba de una situación que no podía controlar simplemente con fuerza de voluntad. Incluso recordó que llegó a disculparse por la manera en que había reaccionado anteriormente: “Le pedí perdón a Dios por reírme de eso, a mis amigas que me reía de ellas. Es algo que se te sale de las manos. Es algo hormonal que no lo puedes controlar”.
En medio de esa etapa llegó a tener pensamientos que la preocuparon y decidió buscar ayuda médica. Montijo contó que habló con su ginecólogo para explicarle lo que estaba sintiendo: “Le hablé a mi ginecólogo y le dije que yo lo que quiero es morirme, no que no lo quisiera, sino que sentía demasiada responsabilidad”.
Fue entonces que el doctor identificó que atravesaba una depresión posparto severa y la orientó para que recibiera atención.
Años después, Galilea Montijo enfrentó otra situación que marcó profundamente su relación con la maternidad. En la misma entrevista recordó el momento en que su hijo Mateo, quien entonces tenía 11 años, decidió irse a vivir con su papá, Fernando Reina, en Acapulco.