Estados Unidos.- Con casi seis meses de una guerra en contra de Irán que ha debilitado su imagen al interior del país, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se prepara para una “guerra económica” que plantea una nueva fase del conflicto en la que las sanciones se extenderán a terceros que comercien o asistan financieramente con la República Islámica; sin embargo, tras 47 años de una política estadounidense de aislamiento económico, el régimen iraní ha encontrado aliados dispuestos a negociar más allá del dólar.

Si bien el anuncio del “Día D económico”, como lo apodó el presidente Trump, careció originalmente de medidas concretas que explicaran los mecanismos mediante los cuales se llevaría a cabo el cerco comercial a Irán, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, presentará este lunes los detalles de lo que llamó “el golpe uno-dos” que colapsará el régimen teocrático iraní.

Cómo reacción a las declaraciones del Ejecutivo estadounidense, el general Ali Abdollahi, jefe del Estado Mayor de la República Islámica, declaró que Irán está preparado para responder contundentemente por mar, aire, tierra y en el ciberespacio cualquier amenaza proveniente desde Washington.

Con la misma retórica incendiaria, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, aseguró que la nueva estrategia estadounidense es una admisión de la incapacidad de la Casa Blanca para doblegar a Irán militarmente; sin embargo, Qalibaf, quien ha ascendido como uno de los principales negociadores con Washington, también admitió frente a empresarios iraquíes e iraníes que el régimen debe prepararse para las nuevas sanciones estadounidenses, pues su sobrevivencia depende del desarrollo económico que le permita mantener una base industrial.

Irán ha enfrentado años de sanciones

Si bien la República Islámica de Irán ha conocido las consecuencias económicas del antagonismo con Estados Unidos desde su concepción en 1979, en los últimos 20 años su desarrollo nuclear y su programa de misiles han resultado la imposición de sanciones cada vez más severas por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Más aún, gran parte de las instituciones y personas que controlan el comercio iraní cargan con la designación de terrorista que los ha excluido del sistema bancario controlado por Estados Unidos y llevado a operar con medios alternativos al dólar, lo cual complica la ejecución de la nueva estrategia estadounidense.

En opinión del doctor Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones  sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México, a pesar de que la presión económica sobre Irán no es una nueva estrategia, el anuncio de estas medidas llegan en un momento delicado para la propia economía estadounidense.

“Lo interesante de la presión económica sobre Irán es que en esta ocasión se da en un momento en donde la economía interna estadounidense tiene todos los focos de alerta encendidos; entonces, da la impresión de que es más una cortina de humo, una estrategia mediática, que algo que en realidad vaya a surtir efecto.

“Hemos visto antes el uso de la economía como un arma, es una práctica que tiene Estados Unidos y lo hemos visto aplicado contra otros países y ellos esperan que en esta ocasión afecte mucho a Irán, pero el mecanismo exacto aún no está claro. Lo que sí, es que el próximo mes el presidente Trump se reúne con el presidente chino, Xi Jinping, y que de surtir efecto (su estrategia) el principal afectado por el bloqueo económico será China”, señala el especialista.

China, el tercer país involucrado en el posible bloqueo económico

Si bien el secretario Bessent asegura que China debería alinearse con Estados Unidos para lograr la apertura del Estrecho de Ormuz, argumentando que el gigante asiático obtiene el 50 por ciento de su energéticos de la región del Golfo, la representación china en en Washington declaró que las sanciones unilaterales propuestas por la Casa Blanca no ayudan a resolver la crisis.

Mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores chino propone la negociación como ruta para resolver el conflicto en Irán, los últimos años han evidenciado la disposición de Pekín de ignorar las imposiciones estadounidenses para comerciar con entidades sancionadas por Washington, como la compra de combustibles a Rusia y Venezuela a precios por debajo del mercado en un momento en el que ambas naciones se encontraban bajo castigo estadounidense.

La relación entre Teherán y Pekín ha resultado mutuamente beneficiosa, pues China se ha convertido en el principal socio comercial iraní y sus costas reciben el 80 por ciento de las exportaciones de hidrocarburos del país persa. Para ello, el gigante asiático ha desarrollado un ecosistema de refinerías independientes, con poca o nula integración al sistema bancario estadounidense, que procesa petróleo iraní cuyo origen es enmascarado al hacerlo pasar como producción de otros países, particularmente Malasia e Indonesia debido a que su utilización del yuan facilita su exclusión del sistema estadounidense.

“El Gobierno chino ha resentido las sanciones que el Gobierno estadounidense ha impuesto a muchos países y a la vez ha aprovechado para fortalecer sus lazos con ellos. En el mensaje que el presidente Xi envió a Donald Trump hace unas semanas resaltó que existe la oportunidad de la coexistencia de potencias sin tener que recurrir a la confrontación, algo inédito en lo que ambas fuerzas se pongan de acuerdo. Pero de surgir efecto las sanciones contra Irán, el más afectado sería China por el tamaño de la interdependencia”, apunta el doctor Barrón Pastor.

El académico señala que aún no está claro hasta dónde será capaz Estados Unidos de llevar la confrontación económica en esta nueva etapa del conflicto. No obstante, la capacidad china de ejercer presión sobre la economía estadounidense a través del mercado energético y de responder a sanciones tercerizadas mediante restricciones de minerales críticos limitan el cerco que plantea la Casa Blanca a Irán.