Irán.El cese de hostilidades entre Estados Unidos e Irán da la posibilidad a las autoridades de la República Islámica de despedir al ayatolá Alí Jameneí, el hombre que tuvo las riendas del país desde que ascendió a supremo líder en 1989 y que, como sucesor de Ruhulla Jomeini, consolidó el modelo teocrático que ha mantenido el régimen iraní por los último 37 años.

En un mensaje televisado el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, invitó a todos los ciudadanos a participar en las ceremonias de despedida y en el funeral que se tienen programadas para el líder religioso y político del país. La despedida de Jameneí comenzará este viernes a las 08:00 de la mañana en Terán con un evento público que continuará con la asistencia de los altos funcionarios; sin embargo, el cortejó fúnebre visitará diversas ciudades, en donde se realizarán ceremonias en honor al “mártir de la revolución” , hasta su entierro el próximo jueves 9 de julio en el Santuario Sagrado del Imam Reza en Mashhad, ciudad de un significado religioso especial para el islam chiita.

Tanto las autoridades como los medios estatales han enmarcado la fastuosidad de las ceremonias funerarias como una muestra de la resiliencia del pueblo iraní y la fortaleza del régimen. Durante los ritos funerarios del ayatolá Ruhulla Jomeini, artífice de la revolución y primer líder supremo de la República Islámica, más de 10 millones de personas participaron en las ceremonias; ahora, la teocracia iraní ha dispuesto de transporte y comida para movilizar a una cantidad aún mayor de personas.

La muerte de Alí Jameneí durante el primer día del conflicto contra la coalición estadounidense-israelí dejó un vacío de poder que fue subsanado por la Asamblea de Expertos, como lo dicta el orden constitucional iraní, quienes eligieron a su hijo Mojtaba Jameneí como nuevo líder supremo. Mojtaba se convirtió en el tercer líder supremo en los 47 años de la República Islámica; sin embargo, se presume resultó gravemente herido en el mismo ataque que mató a su padre y no se ha visto públicamente desde entonces.

Contraria a la intención de Estados Unidos e Israel, el asesinato del líder supremo no derribó el régimen teocrático iraní; al contrario, la guerra en Medio Oriente desatada el 28 de febrero tiene el potencial de fortalecer la estructura revolucionaria al conceder fondos para la reconstrucción del país y abrir la puerta a un alivio de las sanciones económicas que asfixian al país.