Las amenazas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de romper 80 años de alianzas transatlánticas obligó a los miembros europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a comprometer mayores aportaciones al gasto en defensa. Un año después de que la Casa Blanca lograra este compromiso, la Cumbre en Ankara se presenta como la primera oportunidad de revisar este avance.
Mientras que los 32 líderes de la alianza militar más importante del mundo se preparan para declarar su “férreo compromiso” a la defensa colectiva, según el comunicado filtrado a la prensa, son las maneras en las que este compromiso se materializa las que ocasionan fricciones al interior de la OTAN.
Entre amenazas de anexar Groenlandia e insinuaciones de dejar a Europa fuera de su sombrilla nuclear, Estados Unidos logró que 31 de los 32 miembros de la alianza aceptaran invertir en defensa con el 5% de su PIB, los países europeos lograron que el compromiso de La Haya incluyera dentro de ese porcentaje elementos de seguridad y defensa más amplios. Con ello, la OTAN incluye el gasto en infraestructura crítica, como generación de energía, redes de información y transporte dentro de la inversión acordada en 2025.
A pesar que en la Cumbre del año pasado los gobiernos europeos consiguieron concesiones que permitieron que algunas porciones de su gasto interno sean consideradas dentro de los compromisos forzados por la Casa Blanca, la inversión en los requerimientos centrales de defensa alcanzó su máximo histórico.
La Cumbre de La Haya terminó con una obligación de los países miembros de la OTAN a aumentar el gasto en defensa del 2% de su PIB total, al equivalente del 3.5% solo en requerimientos centrales de defensa, un concepto que incluye el mantenimiento de sus Fuerzas Armadas y la adquisición de equipo y suministros bélicos, así como otros elementos entre los que destacan la asistencia a países aliados y la investigación y desarrollo de nuevas capacidades de defensa.
Avances en el 5 % de gasto militar
Si bien el compromiso de La Haya fijó un plazo de 10 años para que los países miembros alcancen la meta de gasto, a un año de haber adquirido la obligación el avance hecho por la mayoría de los integrantes de la alianza es ya “impresionante”.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, resaltó que en 2025 los participantes europeos de la organización destinaron 20% más en requerimientos centrales de defensa que el año anterior; sin embargo, aunque esa inversión se refleje en 258 mil millones de dólares extra en gasto militar, este progreso no ha sido uniforme, pues solo siete de los 32 miembros superan el 3% actualmente, por lo que se espera que en la reunión en Ankara se presenten planes detallados para alcanzar la meta en 2035.
En opinión de la doctora Ana Luisa Trujillo, profesora del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en política y seguridad europeas, cuando los países europeos aceptaron aumentar su gasto en defensa sentaron un precedente en su relación de seguridad con Estados Unidos que los obliga a impulsar un desarrollo de seguridad interno; sin embargo, pese a este estímulo, aún no se reflejan los cambios.
“Aunque Europa ha aumentado su gasto en defensa y la mayoría de los países ya acercan su gasto al 3%, en el campo no se nota la diferencia, sigue siendo insuficiente el gasto de los países europeos. Además, parte de la presión ejercida por Donald Trump no tiene que ver con el desarrollo de las capacidades europeas sino con la adquisición de armas a los Estados Unidos y eso abre el debate entre los miembros sobre la autonomía estratégica; Washington sabe que Europa no tiene estas capacidades y el aumento del gasto militar al cinco por ciento implica comprar equipo bélico a Estados Unidos”, señala la académica.
Los retos para la industria armamentista europea
Entre 2014 y 2025, los participantes europeos de la OTAN aumentaron 19.6% su gasto militar, con alza evidente después de la invasión rusa a Ucrania en 2022, y todos los miembros de la organización ya superan el 2% pactado anteriormente; sin embargo, la concreción de una industria militar meramente europea aún no es una realidad.
Si bien en 2024 la Cumbre en Washington resultó en una promesa de extender las capacidades industriales de toda la alianza, y desde entonces se ha legislado tanto para estimular la producción nacional como para facilitar , el Centro para el Análisis de la Política Europea señala que la falta de coordinación de los miembros europeos de la OTAN expone sus bases industriales a deficiencias que los hace dependientes de los Estados Unidos.
“Hay proyectos como el Rearmar Europa, lanzado por la Comisión Europea, para crear una industria militar a nivel continente, pero la realidad es que esto puede no ser suficiente. Aunque se están intentando crear las condiciones para un mercado que genere tecnología independiente de Estados Unidos, los países piensan la industria militar como una competencia nacional que limita sus alcances.
“Hay varios ejemplos de la dificultad de esta cooperación y de los años que lleva negociar entendimientos en materia de defensa, pero la guerra de Rusia en Ucrania y la Presidencia de Donald Trump demuestra la importancia de tener una industria propia que no cuentan con el aval de Estados Unidos”, concuerda la doctora Trujillo.
El análisis del Centro de Políticas Europeas, en conjunto con Defensa Europea en la Nueva Era, señalan que a pesar del riesgo que corren los países europeos de alienar a Estados Unidos ante una europeización de la OTAN, el repliegue estadounidense hace inevitable tener que utilizar las estructuras de la alianza para encontrar un nuevo paradigma de defensa.