Brasil .- La democracia más grande de Sudamérica se prepara para elegir a quien encabece el Ejecutivo por los siguientes cuatro años.

Mientras el candidato opositor, Flavio Bolsonaro, busca armar una coalición lo suficientemente amplia para destronar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el mandatario de 80 años busca blindar a su país de interferencias extranjeras que puedan comprometer la decisión de los brasileños y su posible cuarto mandato.

Este miércoles, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intentar subvertir la voluntad popular en las elecciones de 2022, ungió a un legislador del Partido Liberal (PL), Alfredo Gaspar, para competir por la vicepresidencia a su lado.

Gaspar, diputado y exsecretario de Seguridad de Alagoas, con tan solo tres años en la política nacional brasileña ha causado revuelo en los últimos meses. Dirigió una investigación hacia el Instituto Nacional de Seguridad Social por supuestamente haber otorgado pagos irregulares de pensiones en un esquema de corrupción donde el principal señalado es el hijo del presidente, Fabio Luis da Silva.

Si bien el PL asegura que Gaspar había surgido como candidato desde meses atrás, el anuncio de elegirlo como aspirante a la vicepresidencia desde el interior de su fuerza política se da tras múltiples intentos fallidos de formar una coalición con otros partidos en donde hay similitudes ideológicas.

El pasado viernes, por ejemplo, los Progresistas, una de las fuerzas políticas de derecha con más tradición en Brasil, descartó una coalición con el heredero de la dinastía Bolsonaro pese a que Flavio ya había anunciado su predilección por la senadora Tereza Cristina, quien le granjearía el apoyo del sector agrícola.

La decisión de los Progresistas emula al del Partido Republicano de Brasil por mantenerse neutrales durante las elecciones y demuestra la dificultad que enfrenta Bolsonaro para encontrar apoyo fuera de sus simpatizantes.

En opinión de la doctora Claudia Edith Serrano, especialista en Estudios Latinoamericanos y  profesora de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a pesar de sus carencias, el senador Bolsonaro ha recibido un apoyo muy grande por parte de actores externos y las encuestas demuestran que la población lo considera un candidato fuerte.

“Bolsonaro no es la principal figura al interior de las facciones políticas, sin embargo, sí es uno de los personajes que más ha recibido apoyo por parte de los Estados Unidos y a través de organizaciones cuyo financiamiento le permite tener mayor proyección que otras de la derecha brasileña. También es cierto que él intenta recargarse en la figura de Jair Bolsonaro y recuperar el legado de lo que visualiza como los aciertos que tuvo su padre y utiliza un victimismo con el que cimenta su candidatura y consigue el apoyo más de actores externos que de facciones internas”, dice la especialista.

La interferencia electoral de Estados Unidos en Brasil

El apoyo del gobierno de los Estados Unidos a la candidatura de Bolsonaro, y el respaldo a su padre durante el proceso judicial que lo condenó, ha generado fricciones entre Washington y Brasilia.

Este martes, por ejemplo, el Departamento de Estado retiró la visa al embajador de Brasil como respuesta a la decisión del gobierno de Lula de retrasar la aceptación del potencial representante estadounidense bajo el argumento de un incumplimiento de los protocolos diplomáticos.

El Departamento de Estado ha señalado que la maniobra no significa la expulsión del representante brasileño sino una medida de presión para acelerar la aceptación de su representante; sin embargo, aunque Brasil niega que se haya retrasado el proceso intencionalmente, el presidente Lula ha declarado que busca aplazar la entrada de nuevos diplomáticos estadounidenses al país para evitar interferencias electorales en el proceso electoral del próximo 4 de octubre.

La doctora Serrano señala que Estados Unidos sostiene una estrategia en la que interviene en los comicios de países latinoamericanos para favorecer las opciones políticas afines al proyecto del presidente Trump; en el caso de Brasil, una alineación respecto al acceso a tierras raras e intereses industriales.

La especialista también apunta que es posible que la presión económica y diplomática que soporta el gobierno de Lula sea exacerbada por campañas mediáticas y apoyos financieros hacia Bolsonaro.

Lula, el último líder de la izquierda brasileña

Mientras la derecha brasileña mueve sus piezas, el presidente Da Silva formalizó el pasado viernes su candidatura a un cuarto periodo presidencial; sin embargo, en esta ocasión el histórico líder progresista no será abanderado únicamente por el Partido de los Trabajadores sino también por los cinco partidos de izquierda y centro-izquierda de Brasil.

A tres meses de la jornada electoral, las encuestas le dan una ventaja al actual presidente de entre ocho y 12 puntos porcentuales frente a Bolsonaro.

No obstante, pese a la ventaja en la intención de voto que conserva Lula y el respaldo que tiene en toda la izquierda brasileña, al interior del progresismo existe la preocupación de buscar una renovación en el proyecto.

“Ahí está el dilema más grande, no solo para Brasil sino para toda la izquierda latinoamericana: En algún punto pareciera que se vuelven a recargar en el caudillismo sin formar los cuadros para un relevo generacional.Bajo esa postura es entendible que Lula sea nuevamente candidato, porque no hay una figura que se convierta en referente de la izquierda brasileña.

“Se tiene que generar un trabajo por la formación política y el andamiaje pedagógico, porque ahí es donde hay muchos problemas en gran parte de los liderazgos del progresismo que iniciaron en el nuevo siglo y que han llegado a un punto donde no se logra el relevo generacional”, finaliza la académica.