El aumento en la intensidad y la frecuencia de los ataques a infraestructura civil tanto en Rusia como en Ucrania ha tenido un desproporcionado impacto en los no combatientes y debe parar, así lo declaró este martes la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ACNUDH).

En los primeros seis meses de 2026 la agencia de las Naciones Unidas documentó mil 396 civiles muertos y siete mil 978 heridos como resultado de la guerra entre Rusia y Ucrania; lo que representa un aumento del 37% en comparación con el año anterior. Por su parte, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) denunció que con 7 niños muertos y 116 heridos junio de 2026 fue el mes más letal para las infancias ucranianas desde el inicio del conflicto.

La Misión de las Naciones Unidas de Monitoreo de Derechos Humanos en Ucrania (HRMMU) ha señalado que el aumento en las bajas civiles responde al uso de armas de largo alcance más sofisticadas, como los misiles balísticos rusos para los cuales Ucrania no cuenta con defensas, y la dependencia en las zonas de combate de drones de corto alcance, cuyo costo los ha hecho el arma característica en el frente.

La HRMMU ha documentado como el riesgo por ataques de drones se extiende más allá de la línea del frente  y atrapa a civiles ucranianos en las zonas de combate. Minas y explosivos aéreos han impedido la evacuación de al menos seis mil civiles en el área de Jersón, uno de los puntos de combate más activos; sumado a ello, estas mismas condiciones impiden el suministro de alimentos, medicinas y otros enseres básicos

Naciones Unidas recordó que los ataques deliberados a zonas residenciales e infraestructura civil constituyen un crimen de guerra y exhortó a ambos países a respetar las protecciones que el Derecho Internacional confiere a los no combatientes; sin embargo, aunque los reportes de ataques a infraestructura civil continúan en los territorios de ambos beligerantes, tanto Kiev como Moscú rechazan que las bajas sean producto de ataques deliberados contra civiles.

Mientras que en las últimas semanas Rusia ha retomado los bombardeos a la capital y a otros centros urbanos importantes como Járkov o el puerto de Odessa, aumentando también la intensidad de los ataques a niveles vistos únicamente al inicio del conflicto, Kiev ha optado por mantener la presión a la infraestructura energética y comercial rusa; con drones de largo alcance que hostigan la flota petrolera en el mar negro como centros logísticos en medio de territorio enemigo, Kiev ha demostrado su resolución por trasladar el costo de la guerra a la población rusa.